Wabi Sabi: oda a lo imperfecto y efímero

Exaltación De Lo Imperfecto
  • domingo 27 de diciembre 2015

Los japoneses son los reyes en el arte de la contemplación y la meditación. Y el wabi sabi es uno de los conceptos esenciales de la cultura japonesa, a pesar de que no hay libros ni profesores que lo enseñen. 

La palabra wabi procede del verbo wabu, que significa «languidecer», y del adjetivo wabishii, que se usaba para describir los sentimientos de soledad, desolación y desdicha. De ahí, que el verdadero significado de wabi sea «pobreza», es decir, no depender de las cosas terrenales y sin embargo encontrar la paz y la armonía de la vida en lo más sencillo. Algo así como ser autosuficiente con la insuficiencia de las cosas. Por otro lado, la palabra sabi intenta transmitir la idea de que no hay nada que permanezca inmutable y de que todos los seres vivos estamos destinados a morir.  

Asimismo, el wabi sabi es el rasgo más notable y característico de lo que consideramos la belleza tradicional japonesa. No ride pleitesia a la belleza evidente que se encuentra por ejemplo en unas flores bonitas o en un paisaje de cuento… sino a lo intrascendente y a lo oculto, a lo provisional y a lo efímero, a lo modesto y a lo imperfecto. A todas esas cosas que pasan desapercibidas para la mayoría de los mortales… Porque, como os adelantaba, según esta forma de pensamiento Zen se puede hallar magnificencia en la fealdad y en la evanescencia de la vida.

Por ello, el wabi sabi utiliza para la difusión de su filosofía los haikus, unos breves poemas sin rima que surgen del asombro por lo que ocurre en la Naturaleza. Este es de Fujiwara no Sadaie, un poeta japonés del siglo XII y que resume muy bien su esencia:

Miro a lo lejos

y no veo cerezos

ni hojas matizadas:

sólo una modesta cabaña en la playa

a la luz de un atardecer de otoño.

Sin más, lo que realmente importa en el wabi sabi es otorgarle valor a aquello que solemos eludir, obligándonos en cierta manera a reducir nuestra velocidad, a pararnos y a prestar atención y valorar las bellezas completas, permanentes y perfectas que tienen los objetos que parecen ser imcompletos, transitorios e imperfectos.

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