La Favorita: la nueva obra maestra de Yorgos Lanthimos

La Favorita

Hoy he visto la nueva genialidad de mi admirado Yorgos Lanthimos y ¡me ha encantado! El director  griego, autor de maravillas como CaninoLangosta o El sacrificio de un ciervo sagrado, vuelve a la carga con un film de intrigas palaciegas, donde a través de las enmarañadas relaciones de la reina Ana de Inglaterra (Olivia Colman) con otras dos mujeres de gran astucia y ambición – su amiga íntima de la infancia y asesora política, Lady Sarah (Rachel Weisz), y Abigail (Emma Stone), la prima pobre Sarah, convertida en una criada, en busca de ascenso social – nos sumerge en un torbellino de manipulaciones y emociones que te mantienen en vilo hasta el instante definitivo.

La Favorita es la primera película de época del cineasta, ambientada en el extravagante marco aristocrático de la realeza del siglo XVIII. Una historia donde los principales ingredientes son el deseo, los celos, el poder, el sexo, el amor, la confianza, la amistad y la traición. Un collage de situaciones y sentimientos, que hilvanan este relato, que fue real, y que dejó huella no solo en estas tres mujeres extremadamente dominantes sino en el destino de Inglaterra.

Curiosamente, todo ese intrincado no se aleja para nada de nuestra realidad actual, y de hecho, y tal y como el propio director considera, el comportamiento humano de hoy en día no difiere en absoluto al de entonces, y actualmente seguimos viendo este tipo de escenas en nuestro entorno más cotidiano.

Cuando ruedas una película ambientada en otra época, siempre es interesante ver cómo se relaciona con la nuestra. Te das cuenta de cuán pocas cosas han cambiado aparte del vestuario y el hecho de que ahora tenemos electricidad o internet. Sin embargo, hay muchas similitudes aún vigentes en el comportamiento humano, la sociedad y el poder.

La película – que tras su pase por el festival de Venecia, logró el Gran Premio del Jurado y el premio a la mejor actriz para Olivia Colman -, está estructurada por capítulos, como si se tratase de un libro, y en cada uno construye un tempo necesario para comprender la naturaleza de los personajes, sus recovecos, sus frágiles relaciones y juegos de poder… Todos ellos están encabezados por una frase clave, que nos desconcierta al inicio, pero que luego nos ayuda a sumergirnos en el core de este triunvirato pasional.

Esta vez Lanthimos ha contado, por un lado, con la inestimable ayuda del director de fotografía Robbie Ryan – colaborador de la británica Andrea Arnold en Cumbres borrascosas o American Honey –, y se nota y mucho. La Favorita rezuma esplendor a través de grandes angulares, sublimes y prolongados fundidos encadenados, efectos de ojo de pez y violentas panorámicas… Y por otro, con el guionista, Tony McNamara, que trabajó estrechamente con él a partir de un guión original de Deborah Davis. Para ambos, La Favorita, a pesar de lo que pueda parecer, es una historia de amor por encima de todo.

La historia trata sobre cuán complicado es el amor y cómo tu identidad como persona puede ser tergiversado y deformado por esas complicaciones. Lo llamamos una tragedia cómica y eso es lo que es. Trata sobre personas que se aman, pero hay muchos otros aspectos de su personalidad y de lo que aspiran a obtener en la vida que se interponen en aquel amor.

Otra de las rarezas de esta particular crónica, y por la que seguramente Lanthimos sintió fascinación, es porque Ana es la monarca menos conocida de Inglaterra. En parte porque, a pesar de sus insólitos diecisiete embarazos, no dejó herederos que hablaran de ella – todos fallecieron a muy temprana edad -. Ascendió al trono a fines del siglo XVIII, básicamente porque no hubo otro sucesor protestante de la casa de los Estuardo. De ahí, que fuese ella quien supervisase la guerra con Francia, considerada la primera guerra mundial de los tiempos modernos, y la unión de Inglaterra con Escocia para forjar el Reino de Gran Bretaña; y quien, además, se enfrentó a una  amarga división nacional, con los whigs y los tories para lograr mayor influencia a medida que nacía un nuevo sistema político bipartidista.

Por muchos motivos, estaba claro que Ana no era la candidata ideal a reina y gobernante. Estaba constantemente enferma, y poseía una educación limitada. Por ello, siempre estuviera rodeada de personas que competían para conseguir más influencia hallando una manera de ganarse su confianza y su corazón. Ana era muy sensible y vulnerable, y quienes eran más avispados que ella usaron sus debilidades a favor de ellos… Esto podréis comprobarlo en la peli…

Dicho todo esto – era necesario poneros en contexto – lo que evidentemente convierte a esta fábula amoral en oro es la singular visión de Lanthimos. Porque apuesta por explorar la rareza y la locura del día a día del comportamiento humano de estos personajes, que parecen contemporáneos, y por ahondar en sus emociones, más allá del impacto socio-político de sus actos. ¿Hay relato histórico¿ ¡sí! Pero está en un segundo nivel. Yorgos ha logrado redefinir y transgredir este drama de época británico creando algo completamente único, audaz, inconfundible e inspirador.

Lanthimos un individuo enigmático que tiene la sorprendente capacidad de comunicarse a través de sus películas. Hay una clase de magia subliminal que desprende su narración, una especie de alquimia en la que ves una de sus películas y, unos días más tarde, continúas haciéndote más preguntas. Puede ser sumamente provocativo en todos los sentidos.

Asimismo, una de las mayores virtudes de La Favorita son las mujeres que brillantemente la protagonizan – Rachel Weisz está absolutamente increíble, Olivia Colman es una diosa y Emma Stone una superdotada en estos menesteres -. Las tres interpretan a mujeres, que son poderosas, pero que además también se muestran frágiles, caprichosas, celosas, se enfadan y, como la mayoría de las personas, están llenas de defectos. Tres papeles muy bien dibujados y estupendamente caracterizados, y con los que Yorgos llevaba tiempo soñando. Y es que, por desgracia, no es común toparse con narrativas como ésta.

En La Favorita, las mujeres disparan a las palomas, galopan a caballo, corren por los pasillos, seducen físicamente a los hombres en el bosque y mantienen relaciones sexuales.

Aunque como os comentaba al inicio, La Favorita está basada en una historia real, tanto Lanthimos como McNamara se tomaron ciertas libertades en pro de la película. Porque aunque hay una verdad fundamental en los grandes acontecimientos y el gran marco de la historia, lo que más les preocupaba era explorar a estas tres mujeres. Ese siempre fue su principal cometido. Por ello, cuando la historia oficial les resultó útil, la mantuvieron, pero cuando no lo hizo… optaron por descartarla. Aún así, el resultado final guarda un gran parecido con la realidad (al final del post os dejo detalles sobre el relato histórico real).

Sin más, lo que tengo claro es que La Favorita va a ser firme candidata a los Oscars. Mientras tanto, espero que cuando vayáis a verla la disfrutéis tanto como yo. ¡Felices fiestas!

En cines a partir del 18 de enero. 

  •  Realidad vs Ficción

El escenario de La Favorita ha sido extraído de la historia real, pero para muchos oculta, de la reina Ana de Inglaterra, la última (e históricamente más ignorada) soberana de la casa de los Estuardo quien, a pesar de ser tímida, ignorada y tristemente conocida por padecer de gota, reinó cuando Gran Bretaña se convirtió en una potencia mundial.

Ana y Sarah Jennings (Rachel Weisz) se conocieron en 1673 cuando Sarah, a los trece años, ingresó en la corte del padre de Ana. Muy rápidamente forjaron una estrecha amistad…

Abigail Hill, prima de Sarah, pasó de ser dama a sirvienta, tras la muerte de su padre, quien dejó a su familia en la pobreza. Cuando Sarah se enteró del infortunio de su prima Abigail, le ofreció trabajo en su propia casa en Saint Albans.

Sarah y Ana se casaron. Sarah con un hombre mucho mayor que ella, y Ana con el Príncipe Jorge de Dinamarca en 1683. Inmediatamente después, Sarah fue nombrada Lady of the Bedchamber (Dama de la alcoba). Y en cuanto se convirtió en reina en 1702, Sarah fue nombrada Mistress of the Robes (Señora de los ropajes), Groom of the Stole (El mozo del excusado) y Keeper of the Privy Purse (Tesorera), los oficios más altos en la corte real que podrían ser otorgados a una mujer.

Sarah se convirtió en una de las mujeres más influyentes de su época mediante su estrecha amistad con la reina Ana. El conocimiento de Sarah sobre el gobierno y su intimidad con la reina la convirtieron en una amiga poderosa y una enemiga peligrosa. Sarah se hizofamosa por decirle a la reina Ana exactamente lo que pensaba y no hacerle halagos.

Tras un período de servicio satisfactorio, Sarah llevó a Abigail a trabajar para Ana, primero como criada en torno a 1700 y desde 1702, una vez que Ana se convirtió en reina, como doncella de dormitorio.

Mientras que el duque Marlborough, marido de Sarah, estaba al mando de las tropas en la Guerra de Sucesión Española, Sarah dedicó gran parte de su tiempo a supervisar la construcción del Palacio de Blenheim, que la reina Ana le regaló, provocando que se ausentara regularmente de la Corte. Este hecho provocó que su prima Abigail Hill no solo pasase de sirvienta a dama, al casarse en privado y con el beneplácito de la reina Ana con Samuel Masham, un caballero de la casa real, sino que consiguiese una dote de dos mil libras del tesoro real… y que le “robase el puesto” y disfrutase de una considerable intimidad con Ana. Me encantaría desvelaros más, pero no quiero haceros spoiler

Tras unos cuantos malentendidos, amenazas, episodios de celos y malas tretas, a finales de 1710, Sarah fue retirada de sus cargos en la Corte y se le pidió que devolviera la llave de oro, el símbolo de su autoridad dentro de la casa real. Sin embargo, Abigail Masham ocupó su lugar como Tesorera hasta 1714.

Deshonrados, los Marlborough abandonaron Inglaterra y viajaron por Europa. Dado su éxito en la guerra, el duque fue uno de los favoritos entre los Reinos germanos y el Sacro Imperio Romano, por lo que la familia fue recibida en aquellos lugares con todos los honores.

Por desgracia, Sarah Ana nunca resolvieron sus diferencias ni se volvieron a ver… Y por ende, Abigail Masham perdió su influencia y vivió el resto de su vida en el anonimato, hasta que falleció en 1734 en la modesta casa de los Masham, en Essex.

Sarah, duquesa de Marlborough, se exilió en Europa y finalmente regresó a Inglaterra, en el momento de la muerte de Ana. A diferencia de Abigail, ella sí que mantuvo su influencia social y política durante toda su vida y murió siendo una mujer muy adinerada en 1744 a los ochenta y cuatro años.

Comentarios 0

Sin comentarios todavía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *