Karoshi: muerte en la oficina

Muerte En La Oficina
  • martes 23 de febrero 2016

En Japón, morirse en la oficina tiene un nombre. Y es que en el país del sol naciente la vida de los asalariados (también denonimandos sarariimans) es muy estresante. Trabajan durante muchísimas horas (una media de 70 horas semanales), bajo presión y a duras penas tienen días de vacaciones. Por ello, todo ese cóctel molotov ha provocado una especie de trágico fenómeno llamado Karoshi, que no es otra cosa que la muerte súbita producida por altas dosis de estrés laboral.

En 1987 el Ministerio de Sanidad japonés reconoció oficialmente esta tragedia (el Karoshi representa un tercio de los suicidios anuales en Japón), aunque el primer caso conocido de  Karoshi tuvo lugar en 1969, cuando un empleado falleció de un ataque al corazón después de pasar semanas trabajando sin parar y sin dormir… 

Pero… ¿Cual es el origen de todo un esto? Cuando Japón se convirtió en una superpotencia económica tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, sus trabajadores se convirtieron en modelo para el mundo en lo que respecta a eficiencia y productividad. En cierta manera, la fórmula parecía buena: los trabajadores se dedicaban en cuerpo y alma a la empresa y ésta a cambio, les ofrecía trabajo de por vida, aumentos salariales y otros beneficios como la vivienda pagada, etc… Sin embargo, lo que parecía ser un ejemplo a seguir se volvió en su contra, y los japoneses se han convertido a partir de entonces en víctimas de su propio invento. De hecho, cada día registran nuevos casos de ejecutivos que caen abatidos sobre sus escritorios, después de agotadoras jornadas de horas extras, alta presión laboral y una ausente o precaria vida personal.

Por ello, y debido a estos terribles estragos, algunas empresas han comenzado a controlar el número de horas extras, además de ofrecer soluciones para conciliar la vida profesional con la personal. De ahí que haya surgido a su vez una especie de movimiento conocido como los  freeters, que son jóvenes que se niegan a ser esclavos y optan por trabajos temporales y con muchos menos beneficios que los sarariimans, pero que a cambio disponen de más tiempo y libertad para vivir, que es de lo que se trata.

Sin más, os recomiendo que os leáis este bestseller: «Karoshi», en el que sus autores narran esta insalubre y asfixiante vida protagonizada por algunos altos ejecutivos, que han muerto víctimas de su devoción por el trabajo sin medida.

«Exceso de Trabajo, curiosidad y simpatía, Nuestros vicios Modernos»  Nietzsche

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