Gustar o no gustar, esa es la cuestión…

Gustar O No Gustar

Este fin de semana revisité un clásico de Arthur Schopenhauer‘El arte de ser feliz’, un libro en el que entre otras cosas habla sobre nuestra capacidad a estar subyugados a las opiniones ajenas. Una especie de esclavitud que nos somete y nos hace dependientes, dejando a un lado nuestras propias percepciones.

Resulta casi inexplicable cuánta alegría sienten las personas siempre que perciben señales de la opinión favorable de otros que halaga de alguna manera su vanidad; y, a la inversa, es sorprendente hasta qué extremo las personas se sienten ofendidas por cualquier degradación o menosprecio.

Y es que el filósofo alemán estaba a favor de relativizar tanto los elogios como las críticas. Una conclusión que comparten otros muchos grandes como Woody Allen:

Antes solía leer lo que escribían sobre mí, pero dejé de hacerlo porque no hay una distracción que te sirva de menos; Además cuando las críticas son buenas, te envaneces, y cuando son malas, te deprimes.

Sin embargo, y a pesar de la lógica, no es fácil. Principalmente porque todos queremos gustar, y eso provoca que haya personas que incluso redirijan sus comportamientos en pro de ser más aceptados, y de encajar en ciertos entornos o con otras personas, que de manera natural no sería posible.

Según el filósofo, la autoestima y la susceptibilidad juegan un papel fundamental en esta actitud. Por ello, asegura que un buen remedio para no darle excesiva importancia a las críticas, ya sean buenas o malas, es: por un lado filtrarlas, sobre todo cuando surgen de la rabia o la envidia, y rodearse de aquellas personas que realmente sí que nos tienen en alta estima, tal y como somos; y por otro aceptarlas, sin pensar que las opiniones ajenas son más importantes que lo que opinamos sobre nosotros mismos. Básicamente porque no hay una verdad absoluta y es imposible gustar a todo el mundo. De hecho, aquellos que pretenden conseguirlo morirán en el intento, ya que según expertos en el tema: un 50% de la gente con la que nos topamos es susceptible de no estar de acuerdo con nuestras opiniones. Y eso significa dos cosas: que debemos aceptar que muchas veces nuestros criterios no coincidirán con los de los demás (ya habéis visto el porcentaje) y que en la mayoría de los casos las críticas son sobre una opinión (importante matiz) y no sobre nuestra persona.

Intentar gustar a todo el mundo nos hará infelices. (Proverbio budista)

Y a vosotros… ¿hasta qué punto os afectan las opiniones de los demás? Food for thought.

¡Feliz semana!

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