Entrevista a Kiko Amat

Kiko Amat

Kiko Amat es novelista y periodista cultural, anglófilo militante y apasionado fan del pop. Es autor de las novelas “El día que me vaya no se lo diré a nadie” (2003), “Cosas que hacen BUM” (2007), “Rompepistas” (2009) y “Eres el mejor, Cienfuegos” (2012), las cuatro de la editorial Anagrama, en su colección Contraseñas; así como la recopilación de ensayos-crónica sobre música pop y humanos “Mil Violines” (Random House Mondadori, 2011) y “L’home intranquil” (Columna, 2010).

Kiko Amat abandonó los estudios a los 17 años para dedicarse de lleno a ser mod adolescente en el extrarradio barcelonés de los 80’s. Durante un tiempo “se perdió” y para subsistir no le quedó otro remedio que trabajar en empleos variopintos como camarero de banqueting en un hotel de Londres (ciudad en la que residió durante 5 años) u operario de la cadena de montaje de SEAT, entre muchos otros. Jamás pensó que un chico de Sant Boi podría llegar a ser novelista…

Kiko Amat es un tipo listo, un orador elocuente, bastante nervioso (os recomiendo que leáis su artículo “Catorcephenia #1: El Nervioso”), muy culto, lector compulsivo y rumiante por naturaleza, pero siempre con el objetivo de encontrar una salida entre tanta paja mental. En la actualidad escribe de forma regular para el suplemento Cultura/S de  La Vanguardia, para Babelia de El País, Jot DownPlaygroundVICEGent Normal y la revista Rockdelux, entre otros medios. También colabora desde 2003 con el festival de cine documental musical de Barcelona In-Edit y codirige junto a Miqui Otero el festival Primera Persona en el CCCB. El año pasado publicó Chap chap, una antología confesional de sus mejores artículos (Blackie Books), y en estos momentos está escribiendo su quinta novela.

11 de enero de 2016. 11 am. Skype. Kiko Amat frente a mi ordenador y 2 horas de conversación que pasan volando entre risas, análisis metafísicos y autoconocimiento. 

Pasen y lean…

  1. Autodefinición

    Soy un despojo de 45 años, nacido en Sant Boi, en un entorno de clase obrera en el extraradio industrial de Barcelona. Abandoné los estudios a los 17 años. Inicié una no recomendable e inquietante carrera en el mundo de la subcultura juvenil, el vandalismo público y el extravío sensorial. He escrito cuatro novelas y un par de libros de ensayos, y ahora escribo la quinta. En estos momentos estoy un poco depre, pero en general suelo estar bastante alegre. Mi tendencia natural es el optimismo y la alegría. Ahora estoy un poco de bajona, pero se me pasará. Como definía en Chap Chap en un párrafo… soy bastante egocéntrico por desgracia (lo digo como un defecto atroz no como algo que celebrar) y con tendencia a la histeria y al melodrama. Siempre he sido enclenque y pésimo jugador de cualquier disciplina deportiva (es mi trauma infantil)… cosa que compensé con locuacidad y labia. Es decir, que empecé a hacerme el graciosete por pura autodefensa. Tengo una mujer pelirroja y dos hijos pelirrojos también. Podría plantear dudas en cuanto a su paternidad porque no se parecen en nada a mi, y de hecho la gente me mira como si les hubiese secuestrado (risas) pero no, son míos, ¡lo veo en sus ojos! (risas). Así que en términos de autoconocimiento me conozco bastante bien. Tengo una idea muy clara de lo que soy. Porque el autoconocimiento es la única parcela de redención. Supongo que entre la inagotable panoplia de defectos que me atenazan… el no conocimiento de mí mismo no es una de ellas. Al menos, por chungo que seas ¡conócete! (risas).

  2. ¿Qué querías ser de pequeño?

    Asumo que cualquiera de las chifladuras que queríamos ser todos de niños… pero la verdad es que yo siempre quise ser escritor. Sí, desde sexto de EGB… Aunque bueno cuando era más pequeño también. Me encantaban los cómic books y me gustaba dibujar. Me imaginaba escribiendo y dibujando cómics, y muy rápido sentí la inclinación hacia la historia y la narrativa. No sé, supongo que es lo que te he contado antes, que todo esto empezó por pura autodefensa. Yo era bastante enfermizo y tuve una serie de dolencias infantiles seguidas y era muy malo jugando a deportes, pero tenía una imaginación desbocada para bien o para mal. Evidentemente me gustaba leer y me gustaban las historias… lo cual es una buena forma de decir que era un mentiroso patológico (risas), pero supongo que también me ayudó ser así, ya que los narradores tienen que ser un poco “trolas”, tienen que tener capacidad inventiva. Y bueno, rápidamente y para no ser aplastado por los simios de la tribu vi que ahí estaba mi lugar. También creo que empecé en esto para destacar, para ser querido, para tener una identidad y para explicar historias. Pero jamás pensé que iba a dedicarme a ello. No tenía referentes y casi que pensaba que los novelistas caían del cielo. No podría creer que de Sant Boi podía surgir un novelista…

  3. ¿Sant Boi ha sido el germen de lo que es hoy Kiko Amat?

    Sí. Yo sigo conectado íntimamente a mi infancia y adolescencia y paso allí una gran parte de mi tiempo mental. Nunca me fui. Y del mismo modo que nunca me fui de mi adolescencia nunca me fui del paisaje que era mi pueblo natal. Pienso mucho en ello, pienso mucho en lo que me hizo, y eso es algo que no me viene por ser narrador. La mayoría de mis amigos son así. De hecho cuando mis amigos y yo nos encontramos bianualmente nos ponemos a hablar de batallitas y a tratar de entender quienes éramos y porque hacíamos eso. Pero esto es un proceso que empezó hace ya 20 años. Y está claro que lo que soy se engendró en Sant Boi: tanto las carencias como la épica. Todo me viene de allí. Incluso la parte más mala que es una cierta rabia indisoluble… Pero si quiero ser objetivo me resulta la mar de útil, porque creo a pies juntillas que no se puede escribir bien (al menos hablo de lo que escriben los autores que a mí me gustan) sin estar alienado del mundo, sin una enorme parte de rabia. No hay otra forma de funcionar.

  4. Henry Miller dijo: “Escribir -medité- debe ser un acto desprovisto de voluntad. La palabra, como la corriente profunda del océano, debe emerger por su propio impulso. Un niño no necesita escribir, es inocente. Un hombre escribe para expulsar todo el veneno que ha acumulado a causa de su forma de vida falsa. Trata de recuperar su inocencia, y, sin embargo, lo único que consigue (escribiendo) es inocular el mundo con el virus de su desilusión. Ningún hombre pondría palabra alguna por escrito, si tuviera el valor de vivir lo que cree”. ¿Qué te parece? ¿Suscribes sus palabras?

    Lo que pasa con la mayoría de autores es que cuando se ponen a teorizar sobre literatura sueltan frases así que suenan súper bien, pero que en realidad si las analizas son increíblemente poéticas pero algunas de ellas son un poco exageradas. Hay una parte de la escritura que brota de ti, de un pozo pestilente, y que asoma una serie de cosas, una serie de pensamientos, que de otro modo jamás saldrían a la superficie… hasta que llegó el psicoanálisis. Creo que Henry Miller escribió esto pre psicoanálisis, porque ahora ya hay una forma de sacar estos demonios y no es necesario tener que mostrarlos en una novela. Yo creo que sí que hay una parte venenosa, que hasta tiene un testaferro, en la que volcar tus miserias y tus mayores temores. Y respecto a la inocencia pues… creo que es una cosa debatible. Hay una inocencia innata, automática, que tienen aquellas personas a las que nunca les ha pasado nada malo, que provienen de un entorno benigno… Y luego hay una inocencia que es la que admiro y que es la que tienen algunas personas rodeadas de mezquindad, inquina y dolor y que aún así la mantienen. Es decir: una inocencia conseguida. Y esa es la que yo valoro, la que me emociona, la que me inspira, tal y como decía Nelson Algren. Esa inocencia cincelada con sudor y lágrimas. Eso me parece alucinante y no entiendo como se consigue, pero si hay que aspirar a algo es a eso.

  5. ¿Nunca has pasado por el diván? ¿le temes o es que prefieres autoanalizarte y sacar tus propias conclusiones?

    No sé. El otro día estaba en un bar con un amigo de Sant Boi y nos dio un ataque de risa bastante celebrable, porque llevaba dos semanas en las que me sucedía todo lo contrario y nos estuvimos tronchando de risa pensando en que si cogemos a todos los amigos de Sant Boi y empezamos a ir al psicoanalista se oiría el ruido de pestillos por fuera de las puertas y nunca nos dejarían salir (risas). O sea que a la que empezásemos a hablar de las miserias de nuestra vida con calma, directamente nos pondrían la camisa de fuerza (risas). Y también hay una parte de mí que teme al diagnóstico, a que me digan que tengo un serio trastorno incurable (risas). Me inspira un cierto respeto. Por otro lado, hace poco hablé con Gary Shteyngart, el escritor neoyorquino judío de “Pequeño fracaso”, y me dijo que a él le había ido muy bien ir al psicoanalista. Pero también me contó su situación antes de ir y bueno… su caso era mucho peor que el mío, ya que era un tío que sufría desajustes muchísimo más graves que mis chorradas. Yo no he vivido nada de eso, por eso no me gusta frivolizar. Una cosa es ser un poco neurótico y otra es tener algún tipo de trastorno. Pero bueno, la verdad es que no sé porque no lo hago. Supongo que algún día por curiosidad iré y veré que me dicen. Tengo clarísimo lo que me pasa, pero seguro que me resultarían útiles los mecanismos.

    La posibilidad de redención es el concepto más bello que existe.

  6. Supongo que debes estar harto de contestar a preguntas sobre tu último libro Chap Chap, una surtida antología de artículos, que esconde una autobiografía salvaje y despiadada. Cuéntame algo que no hayas contado todavía…

    De Chap Chap solo puedo decir que me hizo volver medio loco, y que ahora no puedo ni mirarlo. Me apena decir esto, pero es verdad. Como al álbum de un grupo que casi se disuelve por las peleas en el estudio, yo le estoy agarrando una ojeriza tremenda.
    Objetivamente es un libro GUAY y me enorgullece haberlo escrito. Emocionalmente es un tifón de cataclismos, y voy a tener que enterrarlo bien lejos de mí.

  7. ¿A quien se le ocurrió este libro? ¿por qué un recopilatorio de artículos?

    Fue una cosa mía. Pensé en todos los artículos que había escrito y pensé en darles forma en un libro. Era como una especie de pacto de intimidad con la gente que me leía, volver a contar algunas de las cosas que pasaron. Esto es algo que como llevo tanto tiempo diciéndolo puede parecer no relevante pero sí que lo es. Yo establecí este pacto cuando empecé, porque la gente que yo leía escribía desde un yo no parapetado detrás de pseudónimos ni falsa objetividad, y por eso quería explicar de que va el estilo de escribir este tipo de artículos y columnas. Y quería poner esa voz en un libro. La paradoja de todo esto es que al preparar este libro me deprimí, empecé a pensar en momentos deprimentes, en cosas que salen en el libro y que me volvieron a pasar de forma ominosa y que me han causado una depresión mucho mayor que Cosas que hacen BUM”. Ha sido como un long hard look at yourself, que dicen los ingleses, y hallar algo un poco desesperanzador o decepcionante. Tengo algunos rasgos de personalidad que no son muy benignos… Estoy un poco cansado de mí, pero sin el melodrama del poeta maldito sino simplemente estoy cansado de vivir en mi cabeza. Nada más. Y el momento presente es de completo agotamiento de mí mismo.

    Me gusta la escritura dura, hermosa y limpia.

  8. ¿Lo has escrito para “ser perdonado”?

    No, para bien o para mal la opinión de la gente nunca me ha importado. Es triste, pero es así. Lo que dicen mis artículos cuando hablan de las partes peores es que ese tío era un gilipollas, ósea yo. Me he dado cuenta de que era un cretino y que actuaba como tal. Y bueno, de lo que me he dado cuenta también es de que estaba lleno de temores, de rabia, de remordimientos y de anhelo de venganza gratuita… Esto es algo que sé, no es nada nuevo, y que sé que no hay que hacerlo, pero no espero perdón, porque nadie puede perdonarme. Y tampoco sé hasta que punto uno puede perdonarse, aunque sería lo deseable. Lo importante es darte cuenta de lo que has hecho. Y que luego la gente te absuelva o no eso es lo de menos. Lo que cuenta es hacer un severo examen sobre tu conducta.

  9. ¿Qué tal llevas los halagos, el histrionismo que subyace al gustar y ser “famoso”…?

    Yo soy un autor menor y vendo 6000 libros y no me pasa lo que le pasa a los actores de teleseries. Pero bueno, desde el principio aprendí que es mucho más dañino el halago que el insulto. Los insultos nunca me han afectado y no les he dado la menor importancia, pero el halago sí. Creo que con el tiempo he aprendido a vacunarme contra él, a pesar de que todos somos víctimas potenciales de la lisonja. Pero lo que tengo claro es que los halagos son muy malos para cualquiera, y a través de ellos puedes acabar creyéndote más o mejor de lo que eres. Es calamitoso. Yo desconfío de ellos.

  10. “No me gusta el hombre que soy”… ¿No crees que la pose de escritor atormentado ya está excesivamente manida y carece de credibilidad? Y… en ese caso ¿qué es lo que cambiarías?

    El malditismo es anatema. La desdramatización es capital, porque primero no es para tanto y porque el temporal se capea sin lloriqueos. Y es de las pocas cosas que aprendí de joven y que te juro que todavía me ayudan a ir por el mundo. No hay nada peor que un quejica. Me parece algo despreciable, porque el quejica tiende a ser egoísta, selfcenter y cree que el mundo le debe algo. La gente que culpabiliza a los demás me parece nefasto. De pequeño aprendí que el drama es lo último y que hay que reírse de las circunstancias. Por tanto, digo que no me gusta lo que soy pero tronchándome. Y respecto a las cosas que cambiaría son: 1. Me gustaría ser menos nervioso (¡qué tampoco es mucho pedir! (risas)); 2. Me gustaría ser menos obsesivo, y 3. Más benigno, menos atormentado y menos rata rabiosa (risas).

  11. ¿Se liga más siendo un escritor reconocido?

    Lo que te aporta escribir novelas en ese sentido es que te da visibilidad, y bueno hay una especie de aura romántica por lo de escribir que puede cegar a determinados espíritus sencillos, por decirlo rápido y mal (risas). Yo no creo en esa épica y poética del escritor malherido. Creo que uno como ser humano que llora, sufre y caga como todos los demás solo puede decepcionar. Además, no hay forma de mantener esas expectativas en activo durante mucho tiempo, porque rápidamente se ve tu verdadero yo. Por ello, esas personas que se sienten atraídas por mi personaje (aunque en mi caso se parezca atrozmente a mí), al cabo de un momento, si me conociesen, se darían cuenta que no soy todo el rato inspirador y que en el fondo no soy más que un humano imbécil como todos los demás, lleno de culpa y de pensamientos gilipollas (risas).

  12. ¿Sigues alguna rutina a la hora de escribir?

    Sí. Siempre sigo una rutina, la de toda la vida. Esto es trabajo y hay que tomárselo como tal. Yo trabajo por las mañana de 9 a 13 h. Aunque me salga mejor o peor, siempre escribo. Y como ves esto no es la aventura del escritor (risas). No estoy en un club de esgrima o descubriendo un continente nuevo… Siempre estoy en pijama, le dedico cuatro horas al día a escribir en casa y sin ningún tipo de glamour a mi alrededor.

  13. ¿Cómo te llevas con los periodistas de este país?

    Cuando era joven nunca me sentí parte del gremio. La sensación de marginado la tenía y nunca se me pasó. Admiro la disciplina periodística, amigos míos la tienen, pero yo no soy así. Soy otro tipo de fulano. Mi naturaleza por ejemplo es obcecarme con Jack el destripador” y estar leyendo sobre el tema durante dos meses (risas). Me llevo bien con ellos, pero nunca me he sentido parte del periodismo y tampoco de una clase narradora.

    Hay cosas que yo hice por instinto, para bien o para mal, pero era lo que yo pensaba que tenía que hacer en aquel momento, y ahora veo que de un modo u otro me alejaron del resto de narradores. Al principio me parecía un gueto nada interesante, y yo no venía de raza periodista… pero ahora sí que hay mucha gente que me gusta y a la que admiro como Carlos Zanón, Carlos Pardo (El viaje a pie de Johann Sebastian), Fernando San Basilio (El joven vendedor y estilo de vida fluido, Casavella, a pesar de que haya muerto, Manuel Jabois, Pablo Zarracina (sus dos libros de crónicas son los libros más divers que he leído en España en mucho tiempo), Laura Fernández, Santiago Lorenzo, Javier Calvo

  14. ¿Qué es para ti tener éxito?

    A nivel narrativo lo que me gustaría es escribir para mucha más gente. No idealizo el underground… A mi me encantaría vender 20.000 ejemplares. Así que si hay alguna meta sería la de seguir escribiendo como lo hago pero llegar a más personas. Creo que la clave para que la gente te lea y te siga leyendo es que haya un nexo común en tu trabajo, un universo coherente, muy personal pero que encaje. Todos mis libros están conectados. Y en ellos hay sonrisas y lágrimas (risas). Me gusta que la gente que lee mis libros se compadezca del protagonista pero también se tronche de risa. A nivel vital no recuerdo quien me dijo: “¿Tiene sentido querer ser bueno? La respuesta es sí”. Y eso es absolutamente cierto, porque si existe algún sentido en la vida es justamente ese: ser bueno. No buenista ni melindroso ni cursi, sino ser bueno. Que tus intenciones sean buenas y no malas. Esto puede sonar un poco simplón, pero es que es así. Por tanto, mi único deseo es querer ser bueno sin volverme un babieca sonriente y balbuceante, que no pone en tela de juicio nada. Para mi la intención de benignidad es la parte deseable de esto de estar vivo.

  15. ¿De qué crees que va la vida? Ya sabes… una pregunta sencillita (risas)

    (risas) Me gusta esta pregunta. La verdad es que las preguntas de turbulencia interior sí que puedes hacérmelas (risas) Algo que he tenido muy claro desde niño y que he comentado con mis amigos y con mi mujer es la importancia de ser consciente de estar vivo. Y dotarle una determinada importancia a ciertos momentos que a algunas personas se les pasarían por alto. Yo creo que esto va de darte cuenta de lo que estás haciendo, del gozo de vivir. Y de hecho esto fue lo que realmente me atrajo de la cultura mod, a la que pertenecí, y que fomentaba ese joie de vivre. Ese énfasis en el gozo ilimitado de las posibilidades de la existencia. Yo siempre he vivido intensamente y he sido consciente en todo momento de lo que hacía, de lo bueno y de lo mano, y me parece la única razón junto con la sensación de paz, por la que merece la pena vivir.

  16. ¿Hasta qué punto te ha cambiado ser padre?

    Totalmente. Hablé de esto con James Rhodes (“Instrumental”, Blackie Books) y la verdad es que es algo que no se puede comparar con nada. Es una sensación de amor no explicable, una sensación de amor que no has sentido nunca y que tendrías que retraerte por hipnosis o algo así para volver a sentir ese amor que sentiste por tu madre durante el primer año de vida. Es como una llamada de la sangre que nunca había sentido por mi familia más cercana, por mucho que les quiera. De repente es un amor completamente extremo. Y bueno, a mí mis hijos me recuerdan las excelsas posibilidades del amor, me quitan el negativismo (ya no puedo estar masticándome los nudillos en una esquina), me obligan a socializar… a interactuar con otras personas y eso que yo nunca he sido así. Pero ahora estoy con los padres del colegio de mis hijos y estoy en paz, y aunque esto es una consecuencia quizás secundaria, quizás terciaria, hay que valorarla.

  17. ¿Cuál es el secreto de estar felizmente casado y con dos hijos?

    Además de encontrar extraordinariamente bella a mi mujer, me encantan todas las rarezas asociadas a los pelirrojos debido a su piel, sus cuidados o su insensibilidad al dolor… Pero supongo que desde el principio lo que pasó es que no nos gustó nada superficial del otro, no fue skin deep. A mi me gustaba un tipo de ingenio muy particular que tiene mi mujer, ácido y a veces corrosivo (risas) y tenemos un sentido del humor muy parecido, con una retranca semi británica y una cierta ironía en la forma de hablar. Y además de eso me gustó por donde iba su mente, que de hecho aún hoy me parece increíblemente interesante y divertida.

    Hace un tiempo vi un reportaje de música brasileña y una mujer decía: “Yo no soy muy buena pero nunca me he juntado con nadie peor que yo” y pensé que quizás esa era la clave de la existencia (risas). Es decir, que uno de los secretos por los que estar con alguien tanto tiempo es que esa persona sea mucho mejor que tú. Que el corazón de la otra persona sea mucho mayor que el tuyo, ya que cuando eso sucede lo que conlleva es que el tuyo crezca. Y bueno, ahora supongo que te preguntarás que ha visto mi mujer en mí (risas). Supongo que la certeza de saber que en mi corazón chamuscado hay tres plazas aseguradas para ella y mis dos hijos (risas).

    Curiosamente el otro día hablaba de nuestras mujeres con mi amigo Miqui Otero y llegamos a una conclusión que complementa lo que te acabo de contar: que una de las claves de estar con alguien a largo plazo es que no te aburras con esa persona. Y en mi caso, sé que con ella siempre me lo pasaré bien.

  18. Un libro, una canción y una película…

    Es difícil, pero siempre me salen los que me formaron en el momento en el que me tenía que formar. Por tanto, voy a decir las referencias que tenía a los 16-17 años, que no tiene nada que ver con lo que he aprendido hasta ahora. Así que las que me vienen a la cabeza son: “Principiantes” de Colin MacInnes, que aunque no es el mejor libro que he leído ni de lejos, para mí es como el libro definitivo, el libro que me cambió. Una canción podría ser “In the city” de The Jam. La escuché en 8ª de EGB y me cambió para siempre. Y una película… decidirme es más difícil porque para mí no ha habido ninguna película que me haya cambiado, pero si me forzaras te diría que sería algo de Billy Wilder, porque sus pelis tienen historias bien contadas, tienen humor, tienen desdramatización, tienen determinadas cosas peliagudas… Así que siempre que pienso en una peli que me llene de afecto, comprensión y que me haga reír pienso en Wilder. Y el film que he visto más veces en mi vida es “Withnail & I”. Y encima la tengo que ver a solas porque mi mujer la odia (risas).

  19. ¿Qué va a ser lo próximo?

    Estoy escribiendo mi quinta novela y me lo estoy pasando muy bien. Me harté de hablar de mi historia, de mis circunstancias y quería recordar como me sentí cuando escribí una novela por primera vez. Estoy divirtiéndome un montón, imaginándome cosas que pueden ir en un sitio u otro, y viviendo las aventuras de lo narrado y las aventuras que surgen del propio hecho de hacerla. Esta vez no quería hablar de pandilleros adolescentes, de cuarentones venidos a menos… buscaba algo que no se pareciese en nada a mí. Y eso es lo que estoy haciendo y me está gustando mucho.

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