El hombre más feliz del mundo

Matthieu Ricard

Acaba de empezar un nuevo año y con ello 365 días más para ser feliz o al menos intentarlo. Porque la verdad es que no es nada fácil… Sin embargo y aunque cueste creerlo, existe un hombre que ha sido catalogado como «el hombre más feliz del planeta» por una serie de expertos en neurociencia.

Os cuento…

Se llama Matthieu Ricard, es un monje budista de 69 años, ex biólogo molecular, hijo de un filósofo ateo, y actualmente asesor personal del Dalai Lama.

Pero… ¿cómo y quién ha considerado que este señor sea el ser más feliz del universo? Resulta que Richard J. Davidson, científico de la Universidad de Wisconsin realizó un estudio sobre el cerebro de Ricard, cuyos resultados fueron comparados con los obtenidos en cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban del 0,3 (muy infeliz) a – 0,3 (muy feliz). Matthieu Ricard logró – 0,45, desbordando los límites previstos en el estudio, superando todos los registros anteriores y ganándose este envidiable título.

La felicidad es un tesoro escondido en lo más profundo de cada persona. Atraparla es cuestión de práctica y fuerza de voluntad, no de bienes materiales, poder o belleza. Los que llegan al final del viaje y logran la serenidad que lleva a la dicha, sienten lo mismo que un pájaro cuando es liberado de su jaula.

Y es que el monje de origen parisino mostró mucha más actividad en la corteza prefrontal izquierda, circunstancia relacionada de manera directa con su bienestar y, sobre todo, con su aversión a la negatividad. De ahí que Davidson haya demostrado que la capacidad para alterar nuestro cerebro (neuroplasticidad) se de con la práctica de la meditación. De hecho, otro de los científicos de la Universidad de Wisconsin, Antoine Luntz, que participó en el experimento, corroboró cómo meditadores budistas con larga experiencia podían inducir oscilaciones de ondas cerebrales, a voluntad, de forma diferente a personas no meditadoras. Así que queda patente que la meditación continuada implica cambios neuronales a largo plazo positivos. ¿Interesante, verdad?

Asimismo, quizás os habíais imaginado que la persona más dichosa del planeta tendría una casa de lujo, una cuenta bancaria boyante o una vida sexual excitante. Pero no… como os acabo de desvelar, Matthieu Ricard es un asceta, que desde los 30 años decidió acogerse al celibato, que vive apartado de toda civilización en un monasterio en las montañas de Nepal y que además ha entregado todo el dinero de las ventas de sus libros a la caridad. Ricard carece de todas las cosas que la sociedad nos muestra como sinónimos de felicidad y es mucho más feliz. Es decir: El más feliz.

Una de las claves de la satisfacción personal es el control y la supresión de instintos negativos como el odio.

Por ello, es evidente que nos estamos equivocando y a base de bien. Perseguimos una felicidad basada en lo material, en la consecución de cosas… y cada día generamos más seres depresivos, ansiosos, estresados, frustrados… más infelices… ay!

Sin más, aunque lograr el objetivo de la dicha es difícil… el «hombre más feliz del mundo» insiste que para aproximarnos a ella hay que modificar el modo en el que pensamos y percibimos el mundo que nos rodea de una forma más positiva, y asegura que solo hay esperanza en la acción. Es decir: no basta con leer sus libros u otros sobre el tema, sino que para que la meditación surta efecto hay que ser constantes e incluir los ejercicios como una rutina más en nuestro día a día. Porque, tal y como sucede cuando decidimos aprender un idioma nuevo o a tocar un instrumento, al principio es duro, cuesta ver avances y concentrarnos y gestionar la frustración es todo un reto… Sin embargo, más tarde, cuando comprobamos que haber pasado por esas dificultades da como resultado la satisfacción del aprendizaje y la aproximación progresiva hacia nuestro objetivo… todos esos esfuerzos iniciales quedan compensados.

Cualquiera, no importa las desgracias que haya vivido, puede alcanzar la felicidad si cambia el chip mental que a menudo nos hace detenernos en los aspectos negativos de la existencia.

Oooommm…

  • Curiosidades:

Matthieu Ricard nació en París en 1946 y creció en un ambiente ilustrado. Su padre, Jean-François Revel, fue un reconocido escritor, filósofo y miembro de la Academia Francesa que reúne a la elite intelectual del país galo. Su madre dedicó gran parte de su vida profesional a la pintura surrealista y tuvo un gran éxito antes de convertirse también ella en monja budista.

Ricard vivió en su juventud los excesos propios del París de los años 60 y tras terminar sus estudios de secundaria se decidió por las ciencias. Hizo su doctorado en genética celular en el Instituto Pasteur de París y trabajó con el premio Nobel de medicina François Jacob. Parecía destinado a convertirse en uno de los grandes investigadores del campo de la biología cuando le dio a su padre el disgusto de su vida. El estudio de textos budistas desencadenó una llamada espiritual que le llevó a dejarlo todo. Decidió que el laboratorio no era lo suyo y partió hacia el Himalaya para hacerse discípulo de Kangyur Rinpoche, un histórico maestro tibetano de la tradición Nyingma, la más ancestral escuela del budismo.

Tras estudiar con los grandes maestros del budismo, pasar meses en retiros y recorrer los pueblos del Himalaya, conoció al Dalai Lama y en 1989 se convirtió en uno de sus principales asesores y en su traductor al francés. Su posición como mano derecha del Señor de la Compasión le ha convertido en la figura budista occidental más influyente del mundo y llevaron al gobierno francés a concederle la Orden Nacional Francesa.

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