Christo y Jeanne-Claude: una historia de amor y arte

Reichstag Christo Jeanne Claude

Sigo el trabajo de esta pareja de artistas desde hace tiempo, pero nunca les había dedicado un artículo, a pesar de que adoro sus obras. Por ello, hoy me he decidido a escribir sobre sus proyectos y su historia de amor.

Allá voy…

Una de las primeras coincidencias entre esta pareja es que ambos nacieron el mismo día, el 13 de junio de 1935. Y la verdad es que tanto su historia como la de cada uno de ellos por separado es apasionante.

Christo nació en Bulgaria, pero fue en París donde conoció a Jeanne-Claude (Casablanca, Marruecos), cuando le contrataron para retratar a la madre de ella. Por aquel entonces Christo se ganaba la vida haciendo fotos y nunca pensó que aquel trabajo le traería al amor de su vida. Lo curioso es que cuando se conocieron Jeanne-Claude estaba comprometida con Philippe Plachon y optó por casarse con él. Pero tras la luna de miel, abandonó a su marido al estar embarazada de Christo. ¿Parece una telenovela, eh? Después de todo aquello, en noviembre de 1962, Christo y Jeanne-Claude contrajeron matrimonio, a pesar de que los padres de ella estaban molestos con la relación, debido a los orígenes humildes de Christo… Sin embargo, ellos han demostrado que el amor lo puede todo, y desde se conocieron han sido inseparables durante décadas, demostrando ser una de las parejas más estables del panorama artístico.

Pero supongo que os preguntaréis… ¿cómo surgió la idea de envolver edificios, objetos y lugares insólitos? Fue a finales de los años 50, cuando Christo empezó empaquetando pequeños objetos cotidianos – su primera obra registrada se trata de una lata de pintura vacía envuelta con un lienzo remojado en acrílico, el cual  amarró y coloreó con pegamento, arena y pintura de automóvil -. Y con el tiempo… se fue animando a envolver objetos de mayor tamaño como vitrinas de galerías, un coche e incluso muchos barriles, como fue el caso de su obra en el puerto alemán de Colonia.

Asimismo, y como os podéis imaginar, no fue fácil para ellos poder desarrollar sus ambiciones, ya que además de ir aumentando el tamaño de sus obras, empezaron a tener problemas con los permisos y con las dificultades técnicas derivadas de su montaje. Aún así, la pareja nunca desistió y gracias a la colaboración de muchos ayudantes pudieron llevar a cabo sus rocambolescas y titánicas obras.

De hecho, entre las más celebradas está Surrounded Islands, que se inspiró en una idea de Jeanne-Claude, y que consistió en cubrir con tela rosa las islas de la Bahía Vizcaína de Miami; Umbrellas, que a diferencia de la mayoría de sus intervenciones, se caracteriza por la colocación de manera simultánea, en dos lugares diferentes alejados por miles de kilómetros: California y Japón, más de dos mil paraguas de color azul (en Ibaraki, Japón) y amarillos (en California). ¡Una auténtica maravilla!;  The Gates (Central Park, 1979-2005), la cual hace alusión al tiempo transcurrido desde que pidieron el permiso hasta que les fue concedido; 5,600 Cubicmeter Package, que fue su primera exposición en gran formato de Christo y Jeanne Claude para Documenta IV, y que se trató de una pieza inflable de 85 metros de altura que estuvo flotando sobre la ciudad alemana de Kassel durante dos meses; Wrapped Coast, que consistió en envolver la Little Bay de Sydney con alrededor de 92 mil m2 de tela y 56 kilómetros de cuerda, con la ayuda de 130 voluntarios; The Wrapped Reichstag, con el que consiguieron «envolver» con más de 100.000 metros cuadrados de tela el Parlamento Alemán; The Pont Neuf Wrapped o The Wall – Wrapped Roman Wall, entre otros.

Como podréis comprobar por las fotos, los principales aspectos que definen su trabajo – hasta 1964, que es cuando se constituye el inicio formal de la pareja como artistas, las obras las firmaba solamente Christo – son: 1. Autofinanciación. Nunca han aceptado patrocinios ni donaciones. Es decir, llevan a cabo sus monumentales obras con el dinero que obtienen de la venta de sus propias piezas (fotografías de las intervenciones, bocetos preparatorios…); 2. Sus obras son efímeras, a pesar de todo el tiempo previo que dedican a prepararlas y a la dificultad de su instalación; y 3. Sus intervenciones requieren de miles de metros de tela de polipropileno resistente al fuego, cubierta por una capa de aluminio que da cuerpo y evita el desgaste sobre la superficie del edificio, que suelen ser blancas o de color, y que implican la necesidad de trabajar con voluntarios o ayudantes, ya que sino su existencia sería inviable.

Los expertos dicen que el trabajo creado por Christo y Jeanne-Claude se aproxima al land art, ya que intervienen el paisaje, los espacios adquieren otra naturaleza y consiguen transformar nuestra forma de percibir ese lugar en concreto. Y, al menos en lo que a mi respecta, tienen razón. Cualquier espacio «colonizado» por ellos pierda su identidad tal y como la conocemos, pero adquiere unas connotaciones inauditas, que nos hacen reflexionar sobre su magnificencia.

Lamentablemente, en 2009 Jeanne-Claude falleció, pero pactaron que el seguiría desarrollando sus particulares proyectos – durante toda su vida, la pareja viajó en aviones distintos. Así, si uno se estrellaba, el otro podía continuar con su obra conjunta -. Una de sus últimas obras en solitario ha sido Floating Piers, un proyecto de tres kilómetros de pontones flotantes sobre el Lago de Iseo, en la región de Bérgamo, con la que ha comunicado la ciudad de Sulzano con dos pequeñas islas situadas a proximidad, a través de una pasarela de tela naranja jugando con la ilusión de caminar sobre las aguas; The Mastaba, una pieza que ha realizado en la Costa Azul, que está inspirada en las construcciones funerarias del antiguo Egipto y que está compuesta por un centenar de barriles de petróleo de colores; o la instalación en uno de los patios interiores de la Fundación Maeght, a una veintena de kilómetros de Niza, y que se trata de una reproducción a pequeña escala del mayor de sus proyectos hasta la fecha: una pirámide de 150 metros de altura formada por 400.000 bidones, que piensa erigir en el oasis de Liwa, a un centenar de kilómetros de Abu Dhabi.

Es muy difícil trabajar sin ella. Era una persona extremadamente crítica, muy partidaria de la discusión, que siempre encontraba soluciones para todo. Heredé a sus dos ayudantes, así que ahora trabajamos los tres en el mismo despacho. Cada vez que tenemos un problema, nos preguntamos: «¿Qué haría Jeanne-Claude?». La echamos terriblemente de menos, pero es como si todavía estuviera ahí.

Sin más, espero que os haya gustado su historia y su grandiosa obra. Es muy difícil, en los tiempos que corren, encontrar vidas como éstas, engarzadas por el amor y por el arte hasta el fin de sus días.

¡Feliz semana!

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