Caras y lugares: cuando JR y Agnès Varda hacen maravillas juntos

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Este viernes fuimos a los Cines Verdi a ver “Caras y lugares”, un delicioso road movie que ha conseguido reunir a dos grandes: el fotógrafo JR y la cineasta Agnès Varda, para quien este es el primer largometraje desde su obra maestra “Las playas de Agnès” (2008). Les separa medio siglo de vida, pero a pesar de eso mantienen muchos puntos en común, que iréis descubriendo a medida que avanza el film.

Pero, vayamos por partes…

¿Quiénes son?

Para quienes no sabéis nada de JR, tenéis que saber que es muy reconocido en el mundo del arte reivindicativo, principalmente por su proyecto de fama internacional: “Women are Heroes” , donde exhibe en formato gigante retratos de mujeres anónimas en espacios públicos de ciudades de todo el mundo. Y la casi centenaria Agnès Varda es archiconocida por ser pionera de la Nouvelle Vague y dirigir películas muy modernas para su época, en las que queda patente su feminismo y su forma revolucionaria de aunar documental y ficción. Dos cerebros y dos talentos complementarios, aunque a simple vista puedan parecer inconexos.

JR: Comencemos por el principio.

Agnès: Mi hija Rosalie creyó que el nuestro sería un encuentro agradable. Nos gustó la idea.

JR: Yo di el primer paso. Fui a ver a Agnès a la Calle Daguerre. Fotografié la legendaria fachada de su vivienda, en la que lleva viviendo 100 años. Le tomé instantáneas con su gato.

Agnès: Al día siguiente fui a verlo a su estudio. Lo retraté varias veces, y en seguida me di cuenta de que no iba a sacarse las gafas de sol.

JR: Nos encontramos al día siguiente y también al siguiente para tomar un té.

Agnès: Sentí inmediatamente que haríamos algo juntos.

¿De qué va?

Juntos deciden embarcarse en un viaje por las carreteras secundarias de la campiña francesa, con el propósito de inmortalizar los rostros de sus habitantes, convirtiéndolos en los protagonistas de la historia. ¿Cómo? Mediante una furgoneta con forma de cámara de fotos de revelado instantáneo, en la que se esconde un fotomatón y una impresora, que reproduce sus caras en un formato gigantesco, con las que a posteriori empapelan muros, fachadas de casas, etc… De esta manera, consiguen humanizar lugares que parecían olvidados, así como conectar a sus habitantes con ellos.

El resultado es increíblemente bello y consigue emocionar tanto a quienes los protagonizan como al espectador. 89 minutos de belleza, emoción, diversión, verdad y sinceridad, donde los artificios desaparecen para dejar hueco a la realidad de la gente que vive en estos lugares, que disfrutan y padecen a partes iguales el destino que se deriva de una localización.

El valor de las fotografías

La propuesta artística de JR convierte en arte aquello que parece invisible a los ojos de muchos, a partir de instantáneas de gran dimensión a la escala de las estatuas, tótems y monumentos, que al ser instaladas en lugares y edificios públicos, se convierten en el centro de todas las miradas, generando un diálogo nuevo y sorprendente y no dejando indiferente a nadie.

Todo este viaje visual también se convierte en un valioso mapeo de los recuerdos y el pasado artístico de su autora, quien narra con gran delicadeza y sensibilidad y sin caer en sentimentalismos, y quien manifiesta el valor de las fotografías como elementos imprescindibles para conservar la memoria, a pesar de que, como ella misma asegura, espere calmada el momento de su muerte, sin lamentos ni miedo.

Juventud y senectud

Otro de los valores de este film es como consigue que dos generaciones tan alejadas por edad parezcan tan contemporáneas cuando están juntas. Verles cantar éxitos de los 70 a bordo de su camioneta o charlar sobre la vida, mientras salen al encuentro de campesinos, mineros, camareras… es precioso, y te hace reflexionar sobre el gran valor de las personas mayores en una sociedad en la que lo que tiene premio es la juventud. De hecho, JR le cuenta a Agnès que siempre ha estado rodeado de personas mayores y que siempre se ha sentido muy próximo y a gusto con a ellas, sobre todo con sus abuelas. Algo que a ella le sorprende gratamente, y con lo que yo comulgo. Mis abuelas han ocupado un papel muy importante en mi vida y siempre he estado muy unida a ellas. Y al igual que JR me gusta compartir tiempo con personas mucho más mayores que yo, por todo lo que saben, por su experiencia, por sus valores y por todo lo que tienen que enseñarme.

Colaboración y participación

La base de este documental es la colaboración y la participación. Juntos trabajan codo a codo y comparten impresiones, pero también convierten a las personas con quienes se encuentran a lo largo del camino en partícipes del proceso artístico.

Caras y lugares es uno de los documentales más emotivos y bonitos que he visto en mucho tiempo. Inspira, te hace reflexionar sobre la vida, hace que rompas con prejuicios y estereotipos, que encuentras belleza en lugares que jamás pensaste, que te involucres con las causas de personas anónimas, cuyas historias merecen ser vistas y escuchadas, y además te saca más de una sonrisa. Por todo ello, os recomiendo que vayáis al cine a verla. No os arrepentiréis.

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