Anaïs Nin y Henry Miller: Una pasión literaria

Miller Nin

Este fin de semana acabé de leerme la recopilación de la correspondencia inédita entre los escritores Anaïs Nin y Henry Miller durante ¡21 años! y la verdad es que me ha encantado.

Se trata de un auténtico y fascinante viaje por las entrañas de la apasionada relación entre estos carismáticos enamorados, y engancha de principio a fin.

Para los que no conozcáis su historia os pongo en antecedentes para que os hagáis una idea…

Anaïs y Henry se vieron por primera vez en 1931 en la casa de ella, en Louveciennes (la zona oeste suburbana de París). Hablaron durante horas sobre literatura, filosofía y psicología y se sedujeron mutuamente desde la inteligencia y desde el plano físico, convirtiéndose irremediablemente en amantes.

Carta de Miller a Nin

“… Anaïs únicamente tienes que marcharte para lograr que me dé cuenta de la medida exacta de mi amor por ti. He estado callando mucho en mis cartas por miedo a los “accidentes”. Pero ahora ya no puedo contenerme más. Sólo confío en que tendrás la suficiente discreción para no poner esta carta bajo tu almohada. Te escribiría todos los días, pero sé que eso te parecería mal. He llegado a tal grado de pasión que cualquier cosa que pudiera escribirte ahora abrasaría el papel. Constantemente sigo analizando en mi mente todos los episodios empezando por el Café Viking y terminando con el cortacéspedes…

… No puedo escribirte más porque tengo la cabeza bloqueada. Sólo te veo en mis brazos, retorciéndote, y tengo la impresión de estar absorto en ti y que así permaneceré para siempre. Ahora estoy realmente muy acalorado. Ya no eres la Anaïs que escribía desde Dijon. Ni eres tampoco la Anaïs del diario. Ya sabes a cuál Anaïs me refiero. Todo tuyo.

Henry”

Asimismo, y durante todo el tiempo que duró su relación, Anaïs también se conviritó en la mecenas de Miller, manteniéndole económicamente y ayudándole en la publicación de “Trópico de Cáncer”. Sin embargo, y a pesar de estar profundamente enamorados, no acabaron juntos. Miller se fue a vivir a Big Sur en busca de un cambio de aires, entre otras cosas, pero siempre esperando a que Nin se reuniese junto a él. Pero desgraciadamente eso no fue así, ya que ella esperaba reencontrarse con él en Nueva York y los nuevos planes de vida del escritor no le convencieron. De todos modos, siguieron escribiéndose, ayudándose y admirándose hasta el fin de sus días.

Carta de Nin a Miller

“… Hasta que vengas estaré ocupada con “Trópico de Cáncer”, haré todo lo que pueda. Esta noche he metido todos los manuscritos en esas carpetas con agujeros taladrados que tanto te gustaban. Pienso en ti constantemente. A medianoche pensé en ti. Estoy muy preocupada por ti, por tu humor, me entristece que vengas sin alegría. Querría que este viaje fuese para ti una aventura. Te envié un cable para no dejar que nadie sepa la fecha de tu llegada. Cuando hayamos recuperado de nuevo nuestro mundo propio, nuestro mundo de Louveciennes, nuestro mundo del estudio, nuestra intimidad, entonces todo será gozoso de nuevo. Lo sabes. Trabajaremos en el libro. Tú explorarás América, tal vez…

… Te beso con todo mi ser, como siempre. Soy tuya como nadie lo ha sido nunca, ven y tómame de nuevo, Henry, ¡Henry!

Anaïs”

Sin más, os invito a que os sumerjáis en su particular universo, repleto de sensualidad, libertad, creatividad e inteligencia. Estoy segura de que os atrapará sobremanera.

Anaïs Nin y Henry Miller: Una pasión literaria

Ediciones Siruela

  • Curiosidades:

Sobre Anaïs Nin…

Anaïs Nin nació en Francia en 1903 pero su sangre era de ascendencia española y danesa. Era hija del compositor y pianista español Joaquín Nin, que marcó su carácter y forma de ver la vida, y con quien mantendría una relación incestuosa más tarde.

Cuando Anaïs tenía once años, su padre la abandonó a ella y al resto de su familia para huir con una adolescente de 16 años. Después de un tiempo, humillada y sola, la madre de Anaïs viajó a establecerse en New York desde Francia. Nunca más recuperaron el contacto con Joaquín Nin y esto se volvió en una obsesión para Anaïs.

Con solo 19 años, Anaïs consigió un trabajo como bailarina de flamenco y modelo. En el marco de sus correrías conoció al estable banquero Hugo Guiler, con quien se casó en La Habana, Cuba, y con el que regresó a París como “Señora de”.

Anaïs escribió desde una edad muy temprana. Comenzó a escribir bajo la forma de cartas a su padre. Su primera novela, “La casa del incesto” (1936) es sobrada muestra de la obsesión de la escritora por su padre.

Después le seguirían obras como “Invierno de artificio” (1939), “Bajo la campana de cristal” (1944), “Hijos del albatros” (1947), “Una espía en la casa del amor” (1954), “Ciudades de interior” (1959) y “Collage” (1964).

Nin es especialmente conocida por sus Diarios extendidos por cuatro décadas en los que recoge su amor por Henry Miller. Alcanza su máxima notoriedad ya muerta con la publicación póstuma de “Incesto: diario amoroso” un diario abierto a sus más íntimas relaciones sexuales.

Anaïs Nin fue amiga y amante de muchos escritores célebres como figuras Artaud, Edmund Wilson, Gore Vidal, James Agee y Lawrence Durrell.

Sobre Henry Miller…

Henry Valentine Miller fue un afamado novelista estadounidense. Su obra se compone de novelas semiautobiográficas, en las que el tono crudo, sensual y sin tapujos suscitó una serie de controversias en el seno de un EE.UU puritano que Miller quiso estigmatizar denunciando la hipocresía moral de la sociedad norteamericana, criticando de paso el devenir de la existencia humana, desnudando su cinismo y múltiples contradicciones. Censurado por su estilo y contenido provocativo y rebelde en relación a la creación literaria de su época, sus obras influyeron notablemente en la llamada Generación Beat.

Se casó dos veces. Primero con Beatrice Sylvas, y después con June Mansfield, con quien tuvo una obsesiva, tórrida y complicada relación, además de una hija. June y Anaïs tuvieron un affaire cuando la primera fue a visitar a Miller a París.

Cuando llegó la Gran Depresión de 1929, Henry viajó a Francia. Sin apenas recursos económicos. De hecho, se alimentaba y sobrevivía con la caridad que encontraba… Pero, en medio de esta bohemia harapienta, tuvo la suerte de encontrarse con un abogado norteamericano, Richard Osborn, que le acogió en su propia casa y, por supuesto, con la carismática Nin de quien se enamoró perdidamente y quien transformó su vida para bien en muchos sentidos.

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