Amigos para siempre…

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Seguro que a todos vosotros os han hecho alguna vez esta pregunta: “¿Cuántos amigos tienes?” Y ante la misma habréis sido testigos de respuestas muy distintas: “muchos”, “los puedo contar con los dedos de la mano”, “depende lo que consideres tú como amigo”, “tengo muchos conocidos, pero pocos amigos, aunque de los buenos”, etc… Y esto sucede porqué para cada persona la amistad significa una cosa diferente.

La amistad produce la sensación de hogar propia de la familia, pero con la variante que no nos viene impuesta, sino que somos nosotros quienes la elegimos. Y es ahí donde radica su éxito. Por ello, nos hacemos amigos de personas con las que compartimos gustos, de compañeros de trabajo, del colegio, de la universidad, de amigos de amigos, de gente por la que nos sentimos atraídos, de nuestros opuestos (por aquello de que se atraen…), de algunos familiares con los que congeniamos independientemente del vínculo que da la sangre, etc…

La amistad da para mucho y habitualmente suele ser de largo recorrido. Su caducidad no peligra tanto como en una relación amorosa. Sin embargo, las decepciones por una amistad fallida suelen doler tanto o más que las falsas expectativas generadas por un relación que no llegó a buen puerto.

Por otro lado, y tal y como sucede en las relaciones de pareja, la amistad se mueve por un interés. Porqué cuando hay una elección de por medio, siempre hay un móvil que inclina la balanza hacia un lado u otro. Y ese interés puede ser: placer, diversión, evitar la soledad, sexo, potenciar el sentimiento de pertenencia a un grupo, conversación, etc… Esto sucede porqué la propia vida es elección, y las decisiones están basadas en nuestros propios intereses. Por ello, a lo largo de nuestra vida nos unimos a aquellas personas que por un motivo u otro nos aportan o nos aportaron sensaciones placenteras con su compañía.

En cualquier caso, y a pesar de la lealtad que se le presupone a la amistad… los amigos no siempre superan todas las etapas de nuestras vidas. Todo cambia y todo se transforma… y con ello las personas y las circunstancias. Y por este motivo, en nuestro deambular diario no siempre nos acompaña la misma gente. Porqué cambian nuestras ilusiones y deseos y… con ello… nosotros mismos. De ahí que a lo largo de ese proceso haya pérdidas y nuevas incorporaciones. Y muchas veces estén motivadas por no conformarnos con ciertas actitudes y reacciones por parte de esos supuestos amigos… y decidamos pasar página.

Desde mi punto de vista, las relaciones de amistad más sólidas son aquellas en las que te permiten y te permites ser tú mismo, en las que hay confianza, tolerancia, empatía, grandes dosis de paciencia, saber escuchar, risas y conversaciones cómplices y, también, cariño. Y no es que considere que ésta sea la receta mágica… porqué depende de muchos factores difíciles de controlar… Pero sí que creo que son ingredientes imprescindibles para que una buena amistad perdure con el tiempo.

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